miércoles, 27 de abril de 2011

CAMBIAR EL NOMBRE A LA PLAZA ROCA NO ALCANZA PARA REIVINDICAR LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

La notable recuperación de nuestro país en los últimos años ha revalorizado el papel de la política, aun cuando de hayan desaprovechado muchas veces, condiciones externas que favorecieron el crecimiento que se esta dando a escala regional.
Como es natural, el afán de ocupar espacios se traslada también al campo de lo simbólico, y de esa manera, se proponen cambios en los nombres de instituciones, calles, plazas, etc.
En tiempos de dictaduras, los cambios eran compulsivos y se llegó a la locura de un decreto que prohibía pronunciar el nombre de Perón, como si borrar la conciencia histórica de un pueblo fuera tan fácil. Existen múltiples casos con despropósitos semejantes recorriendo las páginas de nuestra historia.
La Democracia nos obliga a repensar y a fundamentar, y en ese sentido considero oportuno aportar algunas reflexiones para el debate, con respecto a la propuesta del cambio de nombre de la Plaza” Roca” de Villa Ballester, por el de “Pueblos originarios”.
• Como proponía Félix Luna: “Todo es Historia”. Los nombres que designan los diferentes espacios nos hablan de los conflictos, victorias, derrotas y consensos propios de la época en que se construyeron esos espacios (siempre políticos). La lectura de un mapa o del plano de un municipio puede constituir una excelente lección de Historia. Pero la Historia está cruzada por la multiperspectividad, es decir que puede ser analizada desde muchas miradas. Por ejemplo, Julio Argentino Roca, el Presidente Constitucional de una democracia restringida que más años estuvo en el poder (dos períodos de seis años, por algo le decían el “zorro”), encabezó como ministro del Presidente Avellaneda la conquista del “desierto”, como se llamaba en esa época al territorio ocupado por los pueblos originarios. Fue una lucha desigual, y las muertes y el despojo de tierras consecuente consolidó el dominio económico y político de la oligarquía. Pero esa ocupación posibilitó la firma del Tratado de límites con Chile, a lo largo de miles de kilómetros con las dificultades propias de una de las cordilleras más altas del mundo. Y, por cierto, salvo algunos momentos puntuales de gran tensión, posibilitó la resolución pacífica de los conflictos. No es un hecho menor cuando se observa la enorme extensión de la frontera.
• Durante el primer gobierno de Roca se sancionaron leyes de extraordinario impacto social como la ley de Matrimonio Civil (1883), tal vez comparable a la reciente ley de Matrimonio igualitario, o la Ley 1420 (1884) que establecía la Educación primaria obligatoria, gratuita y laica, considerada un hito de la promoción social que supo ser motivo de orgullo.
• Si nos decidimos a borrar de un plumazo las huellas de la Historia para hacer desaparecer de la memoria colectiva lo que consideramos injusto, deberíamos empezar por cambiar el nombre de nuestro país. En efecto, el nombre de Argentina, deriva de Argentum, que significa plata, y que era junto con el oro, lo que más interesaba a los conquistadores españoles, responsables de uno de los peores genocidios de la Historia, aunque en el siglo XVI no existía ese término. Y así podríamos seguir con el Río de la Plata, Buenos Aires, etc., etc.
• La realidad no es estática, es dinámica. Si hubiera que cambiar nombres, los criterios o los límites podrían ser las condenas establecidas por los Tribunales de Justicia, que, aunque no exentos de limitaciones y condicionamientos, suelen ser más objetivos que los “Tribunales de la Historia”.
• Los pueblos originarios viven. Nos constituyen más o menos ocultos detrás de los genes de los abuelos europeos. El despojo de ayer continúa hoy y se manifiesta en nuestro Partido. ¿O acaso, y dejando de lado la hipocresía, no hay entre nosotros vestigios de los pueblos originarios? ¿No hallamos, si fijamos la mirada por un momento, signos de ellos en los barrios y asentamientos periféricos de Gral. San Martín? Si así lo hiciéramos, encontraríamos demasiadas semejanzas con aquellos hechos históricos, plagados de persecución y sufrimiento. ¿No será hora de volver la vista hacia estos lugares postergados y en lugar de declamar demagógicamente, tenderles la mano solidaria de una mejor gestión? ¿Será buen momento para que el abrazo de la justicia social llegue a los lugares mas marginados de nuestro querido San Martín, en forma de obras de saneamiento, plazas, calles, avenidas o escuelas de doble turno que contengan y enseñen? Así, las nuevas obras podrían llevar los nombres de estos actores sociales derrotados y olvidados: Orkeke, Sayhueque, Leoncito y tantos otros…
Nuestros representantes tienen la enorme responsabilidad de transformar la realidad teniendo en cuenta el bien común, tanto en el plano material como en el simbólico. Pero, por supuesto, la Plaza Roca ya está hecha y es relativamente fácil para algún Concejal, cambiarle el nombre. Mucho mas difícil y comprometido es integrarlos, contenerlos y abrazarlos con realizaciones. Entonces si estaríamos reivindicando a nuestros queridos Pueblos Originarios.

Profesora Graciela De Mary, vecina de la Plaza Roca
DNI 16.253.674

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